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El Valor del arquitecto y diseñador ¿Qué los hace únicos en la era de la inteligencia artificial?


¿Por qué la creatividad, la sensibilidad y la visión siguen siendo insustituibles?


La inteligencia artificial está entrando con fuerza en todos los campos creativos. En arquitectura, ya vemos herramientas que generan renders en segundos, proponen distribuciones, calculan estructuras o automatizan documentación técnica. Frente a esto, surge una pregunta inevitable:


¿qué diferencia realmente a un arquitecto o diseñador humano de un algoritmo?


La respuesta es simple y compleja a la vez:


la arquitectura no es solo un conjunto de planos o renders generados en segundos; es un proceso que evoluciona para convertirse en una experiencia humana.


Y esa experiencia requiere algo que la IA aún no puede replicar: sensibilidad, criterio, intuición y entendimiento profundo del contexto.


Seamos sinceros, estamos en un momento de la historia donde es díficil frenar el desempeño de la inteligencia artificial, inminentemente llegará un punto donde podrá elaborar cada vez propuestas más complejas.


Pero sabiendo todo esto, bajo mi punto de vista de lo que está sucediendo ahora mismo, cada vez más vemos hasta agencias de marketing usando videos generados con IA que en lo personal cuando me aparece en mi algoritmo lo que hago es saltarlo. No sólo por el cringe que da sino porque pienso que si una agencia no puede ni siquiera hacer una imagen por su propia cuenta o un video, ¿quién garantiza que puede ofrecerte un servicio profesional cuando le da hasta flojera hacer un post para su propio beneficio?


La arquitectura es emoción, no solo geometría


Una IA puede optimizar una planta, renderizar un espacio en segundos, pero no puede imaginarse a sus clientes haciendo vida allí. Tampoco puede entender perfectamente las necesidades de cada uno de los usuarios.


El arquitecto o diseñador está entrenado para traducir  emociones en espacio haciéndose varias preguntas:


  • ¿Qué atmósfera quieren los usuarios?

  • ¿Cuál es la cultura de ellos?

  • ¿Qué historia contará cada espacio, o que recuerdos esperan crear en su nuevo hogar?


Estas preguntas no se responden con algoritmos, sino con sensibilidad humana.




El arquitecto como intérprete de los deseos que el cliente aún no sabe expresar


La mayoría de los clientes no llegan diciendo: “quiero un esquema de circulación de 1.20 m con doble orientación y control térmico pasivo”.


Llegan diciendo:


  • “Quiero una casa donde pueda respirar”.

  • “Quiero luz”.

  • “Quiero sentir que vivo en un lugar que me representa”.


El arquitecto traduce sensaciones en decisiones técnicas, convirtiendo deseos difusos en soluciones concretas. La IA no tiene la capacidad de interpretar subtextos, emociones o aspiraciones vitales.



El arquitecto tiene criterio, algo que la IA no posee


La IA sugiere opciones, pero es el arquitecto quien toma las decisiones reales.


La experiencia de alguien que ha trabajado en espacios en la vida real permite decir:


  • “Esto funciona, esto no”.

  • “Aquí no vale la pena ahorrar”.

  • “Este material va a envejecer mal”.

  • “Esta estructura no soportará lo que quieres hacer”.


La IA no tiene responsabilidad ética ni profesional. El arquitecto sí.


La verdadera creatividad surge de vivir, observar y sentir


Un algoritmo solo combina datos, pero un arquitecto combina experiencias de sus viajes por el mundo, de los museos que ha visitado, de la historia de cada material, de artes visuales, de música, de sonidos, de aromas, memorias, culturas distintas, en fin, un mundo de experiencias enriquecedoras que la IA no puede nutrirse y son cosas que sin duda tiene peso cuando se está diseñando.


La IA acelera procesos, pero no reemplaza la visión


Lo verdaderamente valioso de un arquitecto es la visión global:


Cómo se ve un proyecto desde su concepto, su esencia, su historia y su futuro que por su parte la IA puede ayudar a pensar más rápido, pero la dirección creativa y conceptual siempre tendrá un sello humano, porque requiere una mirada de alguien que está acostumbrado a habitar.


El arquitecto entiende el contexto social, cultural y emocional


Es difícil que una máquina pueda comprender las tradiciones de un grupo familiar en específico, que pueda entender la identidad de una comunidad, la relación entre ruido, seguridad, luz y cultura, la esencia de una región, los valores y formación de cada ser humano, pues la arquitectura no ocurre en un vacío sino ocurre en sociedades reales.


La confianza no se automatiza


Los clientes no buscan solo un plano, buscan a alguien que sea su guía y hasta a veces llegamos a ser paño de lágrimas o prestamos un hombro para ellos, pues buscan a alguien profesional que los acompañe en decisiones complejas, evitar errores costosos, un intérprete de sus miedos y expectativas o alguien quien simplemente les de calma durante su proceso constructivo.



La IA es una herramienta y el arquitecto, un autor


Está claro como dije más arriba que es muy tarde para frenar la IA pero hay que tener claro también que la IA no reemplaza el papel del  arquitecto o diseñador, pero si es una herramienta que ayuda con los procesos repetitivos, sin embargo el arquitecto siguie siendo el autor de la visión, el curador de experiencias, intérprete de necesidades humanas y sobre todo responsable ético. 


Hagamos uso de la IA para facilitarnos la vida, pero no entreguemos proyectos vacíos y carente de personalidad hechos 100% por una máquina porque además de que se ve terriblemente mal, está en juego tu reputación profesional y eso a una máquina créeme que no le importa.



 
 
 

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